
Hablo de sentimientos cuando
comienza un día cualquiera, en una escuela donde circulan 700 niños, de 1º a 8º Básico.
No han tocado el timbre y ya se
forman a la entrada de la sala de Informática Educativa, después de haber
corrido unos cuantos metros para alcanzar a tomar un primer lugar en la fila;
ojo , “no es necesario”, cada alumno tiene designado su equipo, pero todos los
días es igual y cada cambio de hora diferente.
Corro en busca del libro de
clases, mis niños esperan más que ansiosos, inquietos, me emociona decirlo;
esperan una semana para este gran día, “ mi clase”.
Es diferente, es audaz, es nueva,
entretenida, cada espacio es distinto, lo que no cambia es su cuaderno y su
lápiz antes de entrar, es imperdonable y lo saben, al igual que entrar comiendo…pero
felices aceptan las normas y las respetan, el sentir que alguien se preocupa de
ellos, los ama sinceramente, los cuida y les enseña durante horas con la
especial paciencia de la vocación de Maestra.
Pero el valor agregado esta en
esos bichos, que con un ratón mueven el mundo y hacen sonreír sus caritas
después de una especial espera, que el
correr de una flechita en la pantalla deje ver que las diferencias de clase se
olvidan, desaparecen; la socialización se activa, se transmite, la equidad
aparece engrandecida y la calidad aflora en segundos cuando logras MÁS que los
objetivos de una clase.
Ese es el derecho a una Educación digna con
EQUIDAD Y CALIDAD que prosperó con Claudio Orrego.
Esa es la Educación que se vive en Peñalolén.
Webreporteros:Julia
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